En la adolescencia aprendemos a ser adultos. Una etapa con muy mala fama, pero donde en definitiva seguimos necesitando explorar, experimentar, y conocer dónde están los límites.  Para desarrollar una adolescencia sana, los y las jóvenes necesitan encontrar un equilibrio entre libertad y responsabilidad. En este artículo presento algunas claves que nos ayudan como padres y madres a acompañar esta etapa, favoreciendo que se desarrolle de manera saludable. Muchas de estas claves es positivo que se den desde la infancia, pero si no se han dado, es posible que en la adolescencia veamos las consecuencias de ello. No es tarde, podemos revisarnos y poner de nuestra parte para incorporarlas:

1-Permitir explorar y acompañar los errores:

Probablemente no estaremos de acuerdo en todo lo que hagan nuestros hijos, pero en la adolescencia deben probar y descubrir por ellos mismos que les gusta y que no.  Es importante también que sean ellos los que asuman las consecuencias de sus actos. Si sienten que les damos permiso para explorar y equivocarse es más probable que compartan con nosotros sus vivencias, y así podremos acompañarles y seguir actuando como referentes.

2. Expectativas positivas:

Sentirnos reconocidos por los demás es una necesidad de todas las personas. A veces el miedo nos hace poner unas expectativas negativas sobre nuestros hijos e hijas: “así no va a ser nadie de provecho…” “es un vago…” “no va a saber valerse por sí mismo”…

Las personas tenemos un gran potencial de cambio, y el motor más importante para conseguirlo es sentirnos capaces de ello. Para que los adolescentes (y los niños y niñas) vayan adquiriendo confianza en sí mismos, así como una autoestima sana sobre lo que son capaces de hacer, es fundamental que sus padres tengan unas expectativas positivas sobre ellos y sobre lo que pueden hacer, más allá de que en momentos determinados no lo hagan.

3. Compartir vs Controlar:

Los/as adolescentes cuidan su intimidad, es positivo que lo hagan, y es importante que les respetemos. No les gusta sentirse controlados, están en el tránsito de convertirse en adultos y soltar ese control de sus padres es una manera de decir adiós a la infancia.

Por otro lado podemos compartir con ellas y ellos sus vivencias, sus ilusiones, desencuentros, logros, gustos musicales, etc… sin juzgar, simplemente compartiendo y conociendo mejor a nuestros hijos e hijas.

Cuando la actitud es de conocer y compartir y no tanto de controlar y juzgar, es más probable que nuestros hijos e hijas se abran más a nosotros.

4-Aplazar el juicio:

A veces los/as jóvenes toman decisiones que pueden parecernos equivocadas, o deciden emprender caminos que nos despiertan miedo. Otras veces les vemos y les sentimos pasivos, y necesitaríamos que se activaran para calmar nuestra propia ansiedad y angustia. Aplazar el juicio consiste en no hacer valoraciones precipitadas de los actos y los acontecimientos, dejar pasar un tiempo y ver cómo avanza dando espacio para que él/ella por su cuenta vaya adaptándose y cambiando. Cuando un joven decide probar algo, es importante demorar el juicio para que saque sus propias conclusiones, pueda ir mejorando y dándose cuenta por sí mismo si es algo en lo que quiere seguir invirtiendo tiempo y energía o no. Para poder valorar si algo ha sido positivo o no para él /ella, necesita un tiempo de experimentar, y si nosotros nos anticipamos a que pueda hacer su propia valoración, es algo que puede generar resistencias.

5-Repartir responsabilidades en el hogar y hacer seguimiento desde la calma: En el hogar todos los miembros deben tener asignadas unas tareas, y hacerse responsable de las mismas. Los/as adolescentes pueden asumir cualquiera de las tareas de la casa. Se pueden negociar, rotar las tareas entre los miembros, incluso dejar elegir. Lo que es importante es no hacer la tarea de los demás. Hay que dejarles su tiempo, dejar que se equivoquen, que se acumule la tarea, etc,… a veces esto no es fácil, y podemos entrar en una discusión o hacer la tarea por ellos, pero el aprendizaje está ahí, en que vean que lo que hacen o dejan de hacer afecta a su bienestar y al de los demás. Cada cierto tiempo revisamos cómo está funcionando, hablar de ello, buscar soluciones y encontrar nuevos acuerdos.  Por otro lado colaborar en el bienestar común, crea sentimiento de pertinencia, y ayuda a fortalecer la propia autoestima.

6-Normas esenciales y normas negociables:

En la familia como en cualquier grupo es importante que haya acuerdos de convivencia y los adolescentes pueden formar parte de la toma de decisiones. Algunas deben ser para todos, y no son negociables, pocas pero firmes, por ejemplo “tratarse con respeto”. Estas se validan desde el modelo que damos los padres y madres. Si no se cumplen algunas de las normas esenciales, es importante revisarnos si nosotros estamos siendo un modelo de cumplimiento.  En cambio otras es conveniente que se decidan desde la negociación, y les aplican a ellos/as, por ejemplo “hora de llegada”.

7-Mantener alguna “tradición” familiar:

Cuando tenemos niños pequeños es habitual hacer muchos planes juntos, y pasar el tiempo de ocio en familia. Cuando se llega a la adolescencia, todo eso cambia, y a veces de forma radical. El /la joven quiere pasar el ocio con sus amigos/as, y esto es sano, normal y no hay que culpabilizarles por ello. Pero también es importante que tratemos de mantener un espacio de ocio compartido, mucho menos que lo anterior, pero que no se pierda del todo, por ejemplo: cenar pizza los jueves en familia, ver el partido de nuestro equipo juntos, una salida al mes a la sierra, celebrar los cumpleaños con abuel@s, prim@s, etc,… buscando el equilibrio entre que puedan alejarse de nosotros (pues lo necesitan) y a la vez sentir que sigue habiendo un hilo que nos une, les arraiga y da seguridad.

8-Decisiones ganar /ganar:

Algunas conversaciones con nuestros hij@s se terminan convirtiendo en un pulso, y claro, cuando nos encontramos en medio de un duelo lo queremos ganar. El problema es que cuando uno gana, hay otro que pierde. Para darle una vuelta a esta situación podemos poner exponerlo claramente: “esto se está convirtiendo en un duelo verdad? “, “yo no quiero hacer un pulso contigo” y ofrecer otras opciones: “ que formula podemos encontrar para que los dos nos sintamos tenidos en cuenta?”, “ se te ocurre que solución podemos encontrar para que ninguno de los dos sienta que pierde?

Estas claves han sido una actualización y recopilación de una serie de artículos que escribí para el periódico A Voces de Carabanchel en el año 2018.

Joan Soler.